sábado, 17 de noviembre de 2012

La agradecer la destrucción: sobre la peregrinación por el V aniversario


Existen tres tipos de “tradicionalistas”: los indultistas, los sedevacantistas y los lefebvristas. Los primeros son aquellos que acuden a las misas indultadas por Ratzinger-Benedicto XVI en centros de Misas, capillas o parroquias; los sedevacantistas son aquellos católicos que sostienen que el Concilio Vaticano II no fue un concilio válido, que sus decretos fueron ilegítimos y heréticos y por lo tanto que las autoridades conciliares y post-conciliares no tienen verdadero poder en la Iglesia, en síntesis, que la Santa Sede se encuentra vacante desde 1958 o 1962. Finalmente los lefebvristas son todos aquellos que sostienen la postura de Monseñor Marcel Lefebvre: El Papa es Papa, pero no se le obedece porque sus mandatos están viciados de liberalismo y neo-modernismo, no es posible declarar que la sede está vacante y hasta tanto la situación se aclare, se le reconoce como tal pero estamos habilitados para resistirle.
Se trata de tres tipos ideales, en el sentido de Weber, porque una persona puede, en efecto, estar dentro de más de una de estas categorías. Así, por ejemplo, un lefebvrista (que no necesariamente es fiel de la FSSPX, hay varias comunidades que tienen la misma postura) puede asistir a las misas indultadas que se dan con permiso del diocesano de la Iglesia Conciliar; un sedevacantista puede asistir sin ningún problema a una misa que se celebra en un priorato de la Fraternidad y un indultista tal vez se sienta muy cómodo en un centro de misa sedevacantista. ¿Que tienen en común estas personas? En que los tres adhieren a la Santa Misa Católica. ¿En qué se diferencian? En que dos son católicos y el otro no.
En efecto, el indultista no es un verdadero católico, antes bien, es un modernista. Para el modernista la fe es un sentimiento subjetivo, una moción del corazón, individual y no demostrable de forma intersubjetiva. ¿Por qué va a la Misa indultada? Simple: porque adhiere a las formas espirituales antiguas. Su “tradicionalismo” es meramente exotérico, basado en el culto. Ama el latín, el canto gregoriano, el incienso… pero su fe es profundamente modernista.
Los sedevacantistas y los lefebvristas, por su parte, al rechazar la Iglesia Conciliar y sus reformas son católicos. En efecto, se trata de dos posturas teológicas sostenidas como posibles por doctores y teólogos ya en el Concilio de Trento. Muchos amigos se sorprenden cuando les comento que la “actitud prudencial” de Monseñor Lefebvre no es sinó una de las posibilidades que diera el Cardenal Cayetano para actuar bajo un Papa posiblemente herético. Lamentablemente, muchos lefebvristas se han suavizado: son los mismos que cantaron el Te Deum luego de que Ratzinger-Benedicto XVI “liberara” la Santa Misa. Muchos de ellos se dieron cita en la peregrinación organizada en Roma por el primer lustro del Motu Proprio Summorum Pontificum. Sorpresa fue para todos (incluso para quien esto escribe) que Ratzinger decidiera ni dar audiencia ni una bendición presencial a los asistentes, que se conformaron con una celebración realizada por un cardenal de la Iglesia Conciliar.
A los peregrinos, Tarcisio Bertone, Secretario de Estado del Vaticano les dio el siguiente comunicado:

Con motivo de la peregrinación internacional organizada en Roma por el 5 º Aniversario del Motu Proprio Summorum Pontificum, Su Santidad el Papa Benedicto XVI envía un saludo cordial a todos los participantes, asegurándoles su oración ferviente.
Con este Motu Proprio, el Santo Padre ha querido responder a las expectativas de los fieles unidos a las formas litúrgicas anteriores. De hecho, como escribió en su carta a los obispos a presentar el Motu Proprio, es bueno conservar las riquezas que han crecido en la fe de la Iglesia y la oración, y darles el espacio justo, pero reconociendo plenamente el valor y la santidad de la forma ordinaria del rito romano.
En este Año de la Fe promulgado cuando la Iglesia celebra el 50 aniversario del Concilio Vaticano II, el Santo Padre invita a todos los fieles a manifestar especialmente su unidad en la fe, así serán artífices eficaces de la nueva evangelización.
Confiando a todos los participantes en la peregrinación a Roma, a la intercesión maternal de la Virgen María, el Santo Padre les imparte su bendición apostólica.
Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado de Su Santidad.

Creo que  podemos puntualizar algunas cosas.
En primer lugar, la acción de Ratzinger (si alguien tenía alguna duda) estaba destinada, no a restaurar la Sagrada Liturgia, sino a responder a una demanda particular: la de todos aquellos que estaban hartos, dentro de la Iglesia Conciliar, de los abusos del Novus Ordo, ergo, no tiene el efecto de una derogación, sino de un permiso, un indulto que, como el de Wojtyla-JPII atendía a quienes se sienten ligados a formas litúrgicas anteriores al Vaticano II.
En segundo lugar, la liturgia normativa de la Iglesia Conciliar no es la Misa de San Pío V, sino el Novus Ordo. La liturgia expresa la fe, la Misa Católica es muestra de nuestra fe, la cual no fue creada por los hombres sino legada por el Logos; por su parte, la Nueva Fe de la Iglesia Conciliar tiene su propia liturgia, la cual no es católica, sino neo-modernista y neo-protestante.  Por ello, el Cardenal de la Iglesia Conciliar insiste en que, para el Pontífice de la Nueva Iglesia es menester que los fieles mantengan la unidad de la fe, que no olviden que la verdadera misa de la nueva iglesia es la misa de Paulo VI y no la de San Pío V, que son incompatibles. La primera es antropocéntrica, la segunda teocéntrica.
El motu tiene un claro objetivo: canalizar a los tradicionalistas dentro de la Nueva Iglesia, la Iglesia Ecuménica del Vaticano II para minar la resistencia Católica contra el Concilio.
Para finalizar, quisiera citar unas palabras muy atinadas en su momento, que diera cierto obispo tradicionalista en relación a la suspensión que le diera Montini-Paulo VI:
Estamos suspendidos a divinis por y para la iglesia conciliar, a la cual no deseamos pertenecer. Esta iglesia es cismática, pues rompe con la Iglesia católica de siempre. Tiene nuevos dogmas, un nuevo sacerdocio, nuevas instituciones, un culto nuevo. Todo esto ya fue condenado por la Iglesia en mcuhos documentos oficiales y definitivos...
La Iglesia que afirma tales errores es al mismo tiempo cismática y herética. Esta iglesia conciliar no es, por tanto, católica. En la medida en que el papa, los obispos, los sacerdotes o los fieles se adhieran a esta nueva iglesia, así se separan de la Iglesia católica.

1 comentario:

  1. Me sorprende que muchos católicos bastante ilustrados no alcancen a comprender la malicia del vaticano.
    Juan Carlos

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